¿Arquitectura o capricho? Todo lo que no sabías sobre el Chrysler

Basta imaginar a un multimillonario (wealthy), un tanto singular, que decide darse un auto homenaje (tribute) construyendo el edifico más alto del mundo en medio de Manhattan, en la ciudad de Nueva York; y como también podemos imaginar lo bautizará con el apellido de su familia. Una vez concluida la edificación, el magnate (magnate), tras haber costeado con su propia fortuna las obras y decoración interior, sin reparar en todo tipo de lujos (luxury), decide que hasta aquí han llegado los recibos y que ya no paga al arquitecto.

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Esto es lo que sucedió con el Chrysler Building, considerado uno de los rascacielos (skyscraper) más atractivos jamás levantados y representativo de Nueva York, al que sigue una oscura historia desde el mismo momento en que se inauguró (to inaugurate), en mayo de 1930. Aquel adinerado era Walter Chrysler, dueño de la multinacional del automóvil que lleva su nombre.

El edificio tiene influencia Art Decó adaptado a la simbología del automóvil. La cúpula metálica (metal dome), fabricada con una aleación de acero resplandeciente (brilliant steel), estaba inspirada en los radiadores centrales de color cromado que tenían los coches de la época. La torre de espiga (pin) se realizó en secreto en lo alto del edifico para no dar pistas sobre la altura final que tendrían los rascacielos. Otros detalles finales como las gárgolas (gargoyle), tapacubos (hub cap) o los murales interiores siguen la misma simbología automovilística.

 

 

 

21/10/2015Text